One Battle After Another: una aburrida obra maestra

El regreso del maestro: Paul Thomas Anderson desafía a la Academia

Si hay algo que nos ha enseñado la historia del cine, es que las revoluciones no siempre son televisadas, pero en 2026, definitivamente están siendo proyectadas en 70mm. Estamos ante un momento bisagra en la industria. Mientras la 98.ª edición de los Premios de la Academia se prepara para su gala en el Dolby Theatre, una sombra colosal se cierne sobre la alfombra roja. No es una sombra de duda, sino de asombro. Hablamos de One Battle After Another (Una batalla tras otra), la última obra maestra de Paul Thomas Anderson que ha logrado lo que parecía imposible: convertir una novela posmoderna “inadaptable” en el evento cinematográfico del año.

Para entender la magnitud de este estreno, debemos rebobinar un poco la cinta de la historia reciente. Venimos de un 2025 donde las franquicias mostraron signos de agotamiento y el público, ese ente a veces impredecible, clamaba por autoría. Y aquí es donde Anderson, con la precisión de un cirujano y la ambición de un general, ha lanzado su ofensiva. Con 13 nominaciones a los Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, la cinta se ha posicionado como el contrapeso intelectual y visceral frente al otro titán de la temporada, Sinners de Ryan Coogler, que ha roto récords con 16 candidaturas. Es, en esencia, un duelo de titanes que definirá el legado cinematográfico de la segunda mitad de la década.

Pero, ¿qué hace que esta película sea tan especial? ¿Por qué todo el mundo, desde los críticos de The Guardian hasta los foros más oscuros de cinefilia, no puede dejar de hablar de ella? La respuesta no es sencilla, y eso es precisamente lo que nos gusta en Crónica Tech: desentrañar la complejidad.

De Pynchon a la Era Trump: Una adaptación imposible

La génesis de One Battle After Another es casi tan fascinante como la película misma. Basada en la novela Vineland de Thomas Pynchon (1990), el proyecto fue durante años el “Santo Grial” de los rumores en Hollywood. Pynchon, conocido por su prosa densa y paranoica, parecía material radiactivo para los estudios. Sin embargo, Anderson no se limitó a adaptar; transformó. Lo que en el libro era una reflexión sobre la resaca de los años 60 y el reaganismo, en la pantalla se ha metamorfoseado en una sátira feroz y dolorosamente actual sobre la América contemporánea, el control fronterizo y la polarización política.

La trama nos sitúa en un presente alternativo —o quizás demasiado real— donde Leonardo DiCaprio interpreta a “Ghetto” Pat Calhoun (una reinvención del Zoyd Wheeler de la novela), un exrevolucionario convertido en un padre paranoico y fumeta que vive fuera del sistema. Su existencia precaria se derrumba cuando su pasado, encarnado por la figura aterradora del fiscal/militar Steven Lockjaw (un Sean Penn en estado de gracia y terror), regresa para cobrar viejas deudas. Pero el corazón de la historia no es solo la huida; es la búsqueda. La búsqueda de una madre desaparecida, Perfidia (interpretada por la magnética Teyana Taylor), y la lucha de una hija, Willa (la revelación absoluta Chase Infiniti), por entender su herencia en un mundo roto.

Según un análisis reciente de Los Angeles Times, Anderson ha logrado “capturar la ansiedad flotante de la era moderna con la misma lente con la que capturó los años 70 en Boogie Nights“. No es solo una película sobre política; es una película sobre cómo la política destruye a las familias. Y aquí es donde entra en juego la genialidad técnica: rodada en formato VistaVision, la película tiene una textura visual que hace que cada fotograma parezca un recuerdo tangible, una postal enviada desde el borde del abismo.

El enfrentamiento cinematográfico del año: La sátira política de Anderson contra el terror histórico de Coogler en los Oscar 2026.

Un elenco para la historia: Duelo de actuaciones

Si la dirección es el cerebro, el elenco es el sistema nervioso de esta bestia cinematográfica. Leonardo DiCaprio, alejándose de sus roles de galán torturado, nos regala una interpretación física y desaliñada que recuerda a sus momentos más libres en Once Upon a Time in Hollywood, pero con una capa de desesperación patética que es nueva en su registro. Verlo intentar recordar códigos secretos de su juventud revolucionaria mientras lidia con la burocracia moderna es, a partes iguales, hilarante y desgarrador.

Sin embargo, el verdadero terremoto interpretativo proviene de los secundarios. Benicio del Toro, como el Sensei Sergio, aporta una gravedad estoica que ancla la locura de la trama. Pero es Sean Penn quien roba cada escena en la que aparece. Su villano no es una caricatura; es la personificación del poder estatal desmedido, una fuerza de la naturaleza que, según críticos de Variety, podría valerle su tercer Oscar. Es una actuación que incomoda, que irrita y que, paradójicamente, no puedes dejar de mirar.

Y luego está el factor sorpresa: Chase Infiniti. En su debut cinematográfico, esta joven actriz no solo sostiene la mirada a DiCaprio, sino que en muchos momentos lleva el peso emocional de la cinta. Su química con Teyana Taylor (quien, a pesar de un tiempo en pantalla limitado, proyecta una sombra que cubre toda la narrativa) es el motor que impulsa el tercer acto. Taylor, nominada a Mejor Actriz de Reparto, ofrece una masterclass de presencia escénica; su personaje es el fantasma que recorre la película, la revolución que nunca terminó.

Meta-Reseña: ¿Obra Maestra o Caos Pretencioso?

Aquí entramos en el terreno del análisis puro. One Battle After Another no es una película fácil. Con una duración de 161 minutos, exige al espectador una atención plena. La crítica internacional ha estado dividida, aunque mayoritariamente eufórica. En sitios como Rotten Tomatoes, la película mantiene un índice de aprobación estelar, pero eso no significa que no haya detractores.

Algunas voces críticas han señalado que la mezcla de tonos —pasando de la comedia stoner al thriller político tenso y al drama familiar— puede resultar desorientadora. Un crítico de The Oberlin Review mencionó que la película sufre de una “crisis de identidad”, intentando abarcar demasiado: desde la crítica a ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU.) hasta la sátira de los movimientos de izquierda. Sin embargo, para los defensores de la cinta, esta “confusión” es deliberada. Es un reflejo del caos informativo en el que vivimos. La película no te da respuestas; te lanza preguntas a la cara a 24 cuadros por segundo.

Técnicamente, es intachable. La banda sonora de Jonny Greenwood (Radiohead) es descrita por Pitchfork como “un ataque nervioso musical”, utilizando ritmos sincopados que aumentan la tensión hasta niveles insoportables. Combinado con la edición de Andy Jurgensen, la película tiene un ritmo que, irónicamente, hace honor a su título: es una batalla tras otra, una secuencia tras otra, sin dar respiro.

A continuación, presentamos un desglose de los datos clave que definen esta producción frente a su competencia directa:

Categoría One Battle After Another Sinners (Principal Rival)
Director Paul Thomas Anderson Ryan Coogler
Nominaciones Oscar 2026 13 16 (Récord Histórico)
Género Sátira Política / Thriller Terror / Drama Sobrenatural
Estrellas Principales DiCaprio, Penn, Del Toro Michael B. Jordan, Delroy Lindo
Plataforma de Streaming HBO Max Warner Bros. (Cines/Max)
Red de conexiones: Cómo los personajes de ‘One Battle After Another’ entrelazan el pasado revolucionario con el presente familiar.

Conclusión: El legado inmediato

Independientemente de cuántas estatuillas se lleve la noche del 15 de marzo de 2026, One Battle After Another ya ha ganado la batalla más importante: la de la relevancia cultural. En un año donde el cine parecía inclinarse hacia el escapismo puro, Paul Thomas Anderson nos ha obligado a mirar al espejo distorsionado de nuestra realidad. Nos ha recordado que el cine puede ser, al mismo tiempo, un espectáculo masivo y una tesis política.

Es una película que se siente como un “grandes éxitos” de la carrera de Anderson —tiene la coralidad de Magnolia, la tensión histórica de There Will Be Blood y el romance extraño de Licorice Pizza— pero remezclado para una generación que vive al borde del colapso nervioso. Si tienes la oportunidad de verla (actualmente disponible en el sitio oficial y plataformas asociadas), hazlo. No es solo una película; es una advertencia envuelta en celuloide.

Para más análisis profundos sobre la tecnología del cine y la cultura digital, sigue leyendo Crónica Tech, donde la historia y el futuro se encuentran.

Publicado por

Edgar Leonardo Medina

Edgar Medina es el fundador de Crónicatech. Ha escrito para medios reconocidos como El Tiempo, revista Donjuán, Portafolio, La República, revista Semana y Canal RCN. Actualmente trabaja como estratega de SEO técnico para marcas de Estados Unidos como Tesla, Jefferson University y Footlocker. También es asesor de marketing digital a través de su empresa Crónica Marketing.

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