Hay un tipo de silencio muy específico en el pit lane de la Fórmula 1. No es el silencio de la inactividad, sino el de la tensión contenida. Es viernes, 13 de febrero de 2026, y en el garaje de Aston Martin en Bahréin, ese silencio pesa más que la fibra de carbono. Sobre el papel, este debía ser el año de la consagración definitiva. La hoja de ruta trazada por Lawrence Stroll hace cinco años convergía en este punto exacto: el cambio de reglamento de 2026.
La ecuación parecía perfecta: el genio aerodinámico de Adrian Newey, la potencia exclusiva de Honda y las instalaciones más avanzadas del mundo en Silverstone. Sin embargo, la realidad de la pretemporada ha golpeado con la crudeza de un dato telemétrico: el equipo está rodando con retraso. Y no hablamos de décimas de segundo, sino de meses de desarrollo.
Para entender por qué el AMR26 ha nacido con lo que Lance Stroll ha calificado brutalmente como un déficit de “cuatro segundos” respecto a la cabeza, no basta con mirar los tiempos de esta semana. Tenemos que rebobinar la cinta y analizar la cadena de decisiones, inversiones y cronogramas que nos han traído hasta aquí. Esta es la crónica de una revolución tecnológica que, como todas las revoluciones, no está exenta de caos.
La era del ‘Works Team’: El factor Honda
Durante años, Aston Martin (y antes Racing Point y Force India) operó bajo la filosofía de ser el “mejor del resto”, maximizando recursos limitados y comprando todo lo permitido por el reglamento a Mercedes. Eso terminó oficialmente el 1 de enero de 2026. La asociación con Honda no es simplemente un cambio de proveedor de pegatinas en el capó; es una reestructuración fundamental del ADN del coche.
Ser un equipo de fábrica («works team») significa que ya no recibes una caja sellada con un motor diseñado para el chasis de otro (en este caso, Mercedes). El RA626H, la unidad de potencia de Honda para esta nueva era, ha sido esculpido en simbiosis con el chasis del AMR26. Los ingenieros de HRC (Honda Racing Corporation) en Sakura y el equipo técnico en Silverstone han mantenido reuniones semanales durante dos años para definir la ubicación de cada milímetro de los sistemas de refrigeración y las baterías.
El evento de lanzamiento en Tokio, celebrado el pasado 20 de enero, mostró una Honda revitalizada. Koji Watanabe, presidente de HRC, y Lawrence Stroll presentaron no solo una nueva identidad visual, sino una promesa de integración total. Sin embargo, la complejidad de esta integración es, paradójicamente, una de las causas de los dolores de cabeza actuales. Según Motorsport.com, la unidad de potencia 2026 implica un aumento masivo de la parte eléctrica (casi un 300% más de potencia, llegando a los 350kW) y la eliminación del MGU-H. Calibrar este sistema en un coche que también estrena aerodinámica activa es un desafío de ingeniería monumental.

Adrian Newey y la maldición del calendario
La llegada de Adrian Newey a Aston Martin fue, sin duda, el fichaje de la década. Pero la letra pequeña de su contrato con Red Bull ha jugado un papel determinante en la situación actual. Newey no pudo empezar a trabajar oficialmente en Silverstone hasta el 1 de marzo de 2025. En el mundo de la Fórmula 1, donde los coches de 2026 empezaron a gestarse conceptualmente a finales de 2023, llegar en marzo de 2025 es llegar tarde a la fiesta.
Aunque Newey es famoso por su capacidad para “ver” el aire, incluso él está sujeto a las leyes del tiempo. Su influencia en el AMR26 es palpable, especialmente en la suspensión trasera, que ha sido descrita por observadores técnicos como “extrema” e “intrincada”, con una geometría de horquillas diseñada para limpiar el flujo de aire hacia el difusor de una manera que ningún otro equipo ha intentado. Sin embargo, integrar estas ideas radicales en un proyecto que ya estaba en marcha ha obligado a compromisos.
En declaraciones recogidas por Crash.net, el propio Newey, quien ahora asume también funciones de Director de Equipo, admitió cándidamente: “Estamos obligados a estar a la zaga. Entramos en el túnel de viento a mediados o finales de abril, en contraposición al 1 de enero para todos los demás”. Esa frase es la clave de todo. Tres meses y medio de desventaja en un ciclo reglamentario nuevo es una eternidad.
El cuello de botella: Túnel de viento y simulación
Aquí es donde la tecnología de infraestructura cobra protagonismo. Aston Martin ha construido una fábrica impresionante, el AMR Technology Campus, que es la envidia del paddock. Pero tener el edificio no es lo mismo que tenerlo operativo. El nuevo túnel de viento de última generación sufrió retrasos en su calibración y puesta en marcha total.
Mientras sus rivales directos (Ferrari, McLaren, Mercedes) encendieron sus túneles el 2 de enero de 2025 (el primer día permitido por la FIA para trabajar en los coches de 2026), Aston Martin tuvo que esperar hasta abril para tener datos fiables de su propia instalación. Hasta entonces, operaban parcialmente a ciegas o dependiendo de correlaciones teóricas que, como sabemos, rara vez coinciden perfectamente con la realidad del asfalto.
Según un reporte de Formula1.com, el equipo describió la instalación como “la última pieza del rompecabezas”, pero esa pieza llegó con retraso. La falta de rodaje en el túnel obligó al equipo a ser conservador en áreas donde Newey hubiera preferido ser agresivo. El resultado es un coche base que, aunque mecánicamente innovador, aerodinámicamente está en una fase infantil de desarrollo comparado con el Ferrari o el Mercedes.
Reglamento 2026: El desafío de la Aerodinámica Activa
Para comprender la magnitud del reto técnico, debemos diseccionar qué hace diferentes a estos coches. El reglamento de 2026 no es una evolución; es una ruptura. Los coches son más cortos (distancia entre ejes reducida a 3400mm) y más estrechos (1900mm), con una reducción de peso objetivo a 768kg.
Pero la gran novedad es la Aerodinámica Activa. El DRS ha muerto; viva el ‘X-Mode’ y el ‘Z-Mode’.
- Z-Mode (Cornering): Alerones configurados para máxima carga aerodinámica en curvas.
- X-Mode (Straight): Alerones delanteros y traseros se aplanan para reducir drásticamente el drag (resistencia al aire) en rectas.
Esta tecnología requiere una sincronización perfecta entre el software del coche, la unidad de potencia y la hidráulica de los alerones. Si el sistema falla o no está perfectamente correlacionado, el coche se vuelve inestable e impredecible. Durante el shakedown en Barcelona a finales de enero, el AMR26 rodó apenas unas pocas vueltas y lo hizo en fibra de carbono vista, sin pintar. Newey confesó a The Race que el coche estaba negro “parcialmente porque no tuvimos tiempo de pintarlo”. Un testimonio visual de las prisas frenéticas en la fábrica.

La realidad de Bahréin: Datos vs. Esperanzas
Llegamos a los tests de Bahréin, y los números son sobrios. Lance Stroll, en un momento de franqueza poco habitual en la F1 corporativa, declaró a PlanetF1 que necesitan “encontrar cuatro segundos de rendimiento”. Aunque los tiempos de pretemporada suelen ser engañosos por las cargas de combustible, una brecha de cuatro segundos es demasiado grande para ser solo “sandbagging” (esconder el juego).
Fernando Alonso, con la experiencia de sus 44 años y múltiples cambios de reglamento a sus espaldas, ha adoptado un discurso de “juego a largo plazo”. Su renovación hasta finales de 2026 fue una muestra de fe, pero sus declaraciones recientes sugieren que es consciente de que la primera mitad de la temporada será un test extendido. Alonso fue 4.6 segundos más lento que Charles Leclerc en una de las sesiones matutinas, un abismo en términos de F1.
El problema no parece ser la fiabilidad del motor Honda, que ha rodado sin fallos catastróficos, sino la falta de carga aerodinámica eficiente y la comprensión de los neumáticos con la nueva distribución de pesos. Al haber perdido días críticos en Barcelona (llegaron tarde al test), el equipo acumula, según Stroll, “400 vueltas menos que la competencia”. En la era del Cost Cap y las restricciones de pruebas, esos kilómetros perdidos son oro irrecuperable.
¿Es el proyecto un fracaso?
Sería irresponsable y prematuro declarar el proyecto fallido antes de la primera carrera. La historia de la tecnología en la F1 nos enseña que el punto de partida no define el punto de llegada, especialmente con un cambio de reglas tan drástico. El Brawn GP de 2009 apenas tenía patrocinadores y ganó el mundial. El Red Bull RB5 de 2009 comenzó por detrás del Brawn y terminó siendo el coche dominante.
Lo que Aston Martin tiene a su favor es una capacidad de reacción (la famosa “tasa de desarrollo”) teóricamente superior a la de sus rivales de la zona media. Con Newey al timón técnico y una fábrica que ahora sí está operativa al 100%, la curva de mejora del AMR26 debería ser la más empinada de la parrilla. Como señaló Motor Sport Magazine, “cuando Newey diseña un coche bajo un nuevo reglamento, ese coche tiende a ganar”, aunque a veces, como ocurrió con el McLaren MP4-18, la ambición técnica puede llevar a un inicio tropezado.

