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Artemis II: pruebas irrefutables de que la misión es real

Descubre por qué la histórica misión Artemis II de la NASA es completamente real. Analizamos su tecnología y desmentimos cada teoría de conspiración actual.

El 1 de abril de 2026, el suelo de Florida tembló con una fuerza equivalente a millones de toneladas de empuje, marcando un hito que la humanidad había estado esperando durante más de medio siglo. Ese día, a las 6:35 p.m. hora del este, el gigantesco cohete Space Launch System (SLS) de la NASA se elevó majestuosamente desde la plataforma de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy. A bordo, la cápsula Orion, bautizada como Integrity por su tripulación, transportaba a cuatro seres humanos hacia un destino que no habíamos visitado desde que la histórica misión Apolo 17 cerrara el telón de la exploración lunar en diciembre de 1972. Sin embargo, en pleno siglo XXI, mientras la tecnología nos permite transmitir imágenes en alta definición a cientos de miles de kilómetros de distancia, un eco sombrío del pasado ha resurgido con fuerza en las redes sociales: la negación y las teorías de conspiración.

Para entender el presente, a veces debemos mirar no solo hacia las estrellas, sino hacia nuestras propias pantallas. A las pocas horas del despegue, mientras los comandantes de misión monitoreaban la inyección translunar y el mundo entero celebraba el avance de la ciencia, foros de internet, hilos interminables en plataformas como X (anteriormente Twitter) y grupos de Facebook comenzaron a inundarse con una retórica familiar pero adaptada a la era digital. Mensajes que afirmaban que todo el evento era una elaborada farsa generada por computadora o grabada en un estudio de croma (pantalla verde) se volvieron virales en cuestión de minutos. ¿Cómo es posible que, frente a un nivel de transparencia sin precedentes, con cientos de miles de profesionales de múltiples agencias internacionales involucrados, una parte de la población siga prefiriendo la ficción por encima de los datos empíricos? En Crónica Tech hemos decidido abordar esta pregunta de frente. No solo repasaremos el asombroso hito tecnológico que representa Artemis II, sino que desglosaremos, con bisturí periodístico y datos científicos, por qué las acusaciones de montaje son falsas y cuáles son las pruebas irrefutables que demuestran que esta misión es absolutamente real.

El ecosistema de la desinformación: diseccionando las teorías de conspiración de Artemis II

El primer gran foco de desinformación de la misión surgió apenas cuatro días después del lanzamiento. El 5 de abril de 2026, la cadena de noticias CNN transmitió una entrevista en vivo con los astronautas, quienes se encontraban en el cuarto día de su tránsito hacia la Luna, experimentando los efectos de la microgravedad. Durante la transmisión, un peluche que servía como indicador de gravedad cero, llamado Rise, flotaba apaciblemente en la cabina de la cápsula Orion. Fue entonces cuando un artefacto visual encendió la mecha. Un video compartido en redes sociales mostraba cómo el texto de la transmisión de noticias parecía superponerse temporalmente sobre el peluche de una manera antinatural. Inmediatamente, comentarios como «verde sobre una pantalla verde» y «todo es una farsa de efectos especiales» inundaron internet.

La respuesta técnica a este fenómeno es sencilla y está documentada. «Artemis II broadcast error used to stoke false claims mission was staged» (Error de transmisión de Artemis II utilizado para avivar afirmaciones falsas de que la misión fue un montaje), según Ara Eugenio en el estudio de verificación de hechos de AFP Philippines. Los expertos forenses digitales analizaron la transmisión original alojada en los servidores de la NASA y descubrieron que el video no presentaba ninguna anomalía. El problema se originó en la cadena de televisión: cuando los canales de noticias sindicalizan una señal en vivo y le agregan sus propios gráficos inferiores (los famosos lower-thirds), utilizan procesadores de video con tecnología de croma para superponer los textos. Además, el video que se viralizó había sido grabado con un teléfono móvil apuntando directamente a la pantalla de un televisor. La diferencia en las tasas de refresco entre la cámara del teléfono y el panel del televisor, combinada con la compresión de los algoritmos de las redes sociales y el procesamiento del canal de noticias, generó el error visual. No había ningún estudio secreto en Hollywood, solo las limitaciones técnicas de retransmitir una señal de video comprimida de la Tierra.

El segundo mito recurrente, un clásico reciclado de las misiones Apolo, es la ausencia de estrellas en el fondo del espacio exterior. Durante una transmisión interactiva con el público, a la tripulación se le preguntó por qué el firmamento parecía completamente negro en sus fotografías. Los teóricos de la conspiración aprovecharon esta pregunta para argumentar que la NASA es incapaz de simular mapas estelares creíbles y, por lo tanto, prefiere omitir las estrellas por completo en sus montajes. Afortunadamente, la propia tripulación se encargó de desmantelar el mito en tiempo real. «Tenemos tanta iluminación, del Sol en la Luna y la Tierra en este momento, que a veces es difícil ver las estrellas. Al igual que cuando sales durante el día, ves un cielo azul pero no hay estrellas, miramos hacia afuera, vemos el espacio negro y no hay estrellas», según el comandante Reid Wiseman en declaraciones recogidas por UNILAD. A esto se le suma el especialista de misión, el canadiense Jeremy Hansen, quien añadió que para lograr capturar el interior brillante de la cápsula y las superficies enormemente reflectantes de la Tierra y la Luna (iluminadas directamente por el Sol sin ninguna atmósfera que filtre la luz), las cámaras requieren tiempos de exposición extremadamente rápidos y aperturas cerradas. Las estrellas, aunque brillantes a nivel cósmico, son luces muy tenues desde nuestra perspectiva visual y requerirían tiempos de exposición prolongados que terminarían sobreexponiendo completamente cualquier otro objeto en primer plano, dejando la foto totalmente blanca e inservible.

La influencia de la cultura pop y la psicología del negacionismo

Para comprender por qué estos argumentos técnicos no son suficientes para convencer a los escépticos, debemos profundizar en la psicología humana y en la historia de la cultura pop. El escepticismo sobre la exploración espacial no nació con Artemis II, ni siquiera con las redes sociales; es un subproducto del clima sociopolítico de los años setenta. Tras el escándalo de Watergate y el final de la Guerra de Vietnam, la confianza pública en el gobierno estadounidense se desplomó. Fue en este caldo de cultivo donde florecieron las primeras grandes semillas de duda institucionalizadas. En 1978, el director Peter Hyams estrenó la película Capricorn One (Capricornio Uno), un thriller de ciencia ficción que narra la historia de una misión tripulada a Marte que, ante fallas inminentes de los sistemas de soporte vital, es cancelada en secreto y falsificada en un estudio de cine del gobierno para evitar recortes presupuestarios.

La premisa de la película capturó la imaginación del público de una manera profunda. El daño cultural que generó, aunque no fue su intención original, fue inmenso. Plantó la idea de que agencias gubernamentales gigantescas podían mantener un secreto de tal magnitud utilizando tecnología audiovisual avanzada. Hoy en día, esta tendencia de desconfianza está estadísticamente probada. «El diez por ciento de los encuestados cree que la NASA falsificó los alunizajes», según los investigadores en el estudio de la Carsey School of Public Policy de la University of New Hampshire del año 2022. Esta misma encuesta correlaciona de manera asombrosa la creencia en que la Tierra es plana y la noción de que las vacunas contienen microchips de rastreo secreto con la negación de la exploración espacial.

En abril de 2026, el contexto ha evolucionado, haciendo la situación aún más compleja. Vivimos en la era de la Inteligencia Artificial generativa y los deepfakes. Herramientas algorítmicas pueden sintetizar voces y rostros de manera convincente, lo que ha creado una especie de nihilismo digital: si cualquier video puede ser alterado, entonces todo video debe ser asumido como falso hasta que se demuestre lo contrario por medios independientes. Esta filosofía es lo que el periódico The National News describió acertadamente como el clima perfecto para las falsas afirmaciones sobre la misión en su artículo sobre las dudas de Artemis II. Sin embargo, a diferencia de un video generado por IA, Artemis II deja un rastro físico e inmensamente cuantificable en el tejido mismo del sistema solar. Y es en la física dura donde las teorías de conspiración terminan por desmoronarse inevitablemente.

Desmintiendo los principales mitos: una comparación entre las teorías de conspiración sobre el espacio y los hechos científicos demostrables.
Desmintiendo los principales mitos: una comparación entre las teorías de conspiración sobre el espacio y los hechos científicos demostrables.

La prueba matemática incontestable: el efecto Doppler y la Red del Espacio Profundo

La demostración absoluta de que la misión Artemis II no es un decorado de cine ni una proyección virtual radica en la inmutabilidad de la física de las ondas electromagnéticas. Si la nave Orion estuviera en un estudio en la Tierra, cualquier señal de radio que emitiera se originaría desde la superficie del planeta. Sin embargo, los sistemas de telemetría, comunicaciones y televisión de la nave Orion están transmitiendo constantemente datos hacia la Tierra a través de la banda S, operando en una frecuencia central de descenso de 2216.5 MHz. Estas señales no solo son captadas por la NASA; están siendo rastreadas activamente por entidades independientes, observatorios astronómicos universitarios, agencias espaciales extranjeras e incluso radioaficionados calificados alrededor de todo el mundo.

La clave de esta prueba innegable es el efecto Doppler. De la misma manera en que el sonido de la sirena de una ambulancia cambia de tono a medida que se acerca y luego se aleja de un observador estático, las ondas de radio de la nave Orion sufren variaciones precisas en su frecuencia a medida que la cápsula se aleja de la Tierra a velocidades de decenas de miles de kilómetros por hora, orbita la Luna y luego comienza su viaje de regreso. Estas diminutas variaciones de frecuencia en la señal portadora de banda S, conocidas como mediciones de Doppler unidireccionales (One-way Doppler Measurements), proporcionan datos matemáticos exactos sobre la posición orbital, la velocidad relativa y la aceleración de la nave. Empresas privadas como Intuitive Machines, así como individuos independientes, fueron seleccionados por la agencia espacial para utilizar sus propias antenas, no vinculadas al gobierno, para seguir el viaje.

Un ejemplo fascinante es el del radioaficionado y astrónomo canadiense Scott Tilley, quien, desde la comodidad de su hogar en la costa de la Columbia Británica, monitoreó y trazó de forma independiente las emisiones de radio de Artemis II, observando la característica gráfica en forma de S invertida en sus espectrogramas que solo puede generarse por un objeto físico viajando a lo largo de un campo gravitacional translunar. Todo esto significa que miles de antenas repartidas por todos los continentes, que no responden a ninguna autoridad gubernamental única, tienen que apuntar físicamente al espacio profundo, ajustarse a la rotación de la Tierra y seguir una trayectoria matemática perfecta para captar la señal. El nivel de conspiración requerido para falsear señales de radio del espacio profundo, engañando a miles de expertos independientes armados con equipos de radiofrecuencia y principios de física elemental, requeriría alterar las leyes fundamentales del electromagnetismo, una imposibilidad absoluta fuera de la literatura de ciencia ficción.

Anatomía de un titán tecnológico: el cohete SLS y la cápsula Orion

Las dimensiones físicas de la ingeniería involucrada en Artemis II son otra capa de realidad imposible de falsificar. No estamos hablando de maquetas a escala. El Space Launch System (SLS) es un coloso de titanio, aluminio, sistemas hidráulicos, criogenia y miles de kilómetros de cableado eléctrico estructural. Con una altura de casi 98 metros, su enorme etapa central de color naranja aloja más de 2 millones de litros de hidrógeno líquido súper enfriado y oxígeno líquido. En la base de esta etapa central se encuentran cuatro motores RS-25. Estos motores no son un desarrollo secreto aislado; son los verdaderos caballos de batalla de la historia espacial, pues fueron rescatados, renovados y mejorados del antiguo programa del Transbordador Espacial de la década de los ochenta y noventa. Durante ocho minutos angustiosos, estos cuatro motores, junto con dos masivos propulsores de cohete sólido de cinco segmentos situados a los lados, generan un empuje combinado astronómico de casi 40.000 kilonewtons (cerca de 4.000 toneladas de fuerza), levantando el peso del edificio volador fuera del pozo gravitacional terrestre.

Por su parte, el espacio en el que residen los cuatro miembros de la tripulación es la nave espacial Orion. Esta maravilla de la supervivencia humana consta del Módulo de la Tripulación (Crew Module), construido meticulosamente por Lockheed Martin, y el Módulo de Servicio Europeo (European Service Module o ESM), manufacturado por Airbus Defence and Space en nombre de la Agencia Espacial Europea (ESA). El ESM actúa como los pulmones y el sistema cardiovascular de la cápsula; suministra electricidad, agua, oxígeno para respirar y nitrógeno, además de albergar el motor de propulsión principal necesario para corregir la trayectoria hacia la Luna y garantizar el viaje seguro de regreso.

Especificaciones Técnicas del Hardware Principal de Artemis II
Componente del Sistema Función Principal Características Notables Contratista / Agencia Responsable
Space Launch System (SLS) – Etapa Central Elevación atmosférica primaria Casi 98 metros de altura, alberga propulsores criogénicos a altísima presión. Boeing / NASA
Motores RS-25 (Cuatro) Propulsión principal combinada Motores históricos reutilizados del programa del Transbordador Espacial. Aerojet Rocketdyne
Módulo de la Tripulación Orion Soporte vital y habitabilidad humana Escudo térmico capaz de resistir 2,760 grados Celsius al reingresar a la atmósfera. Lockheed Martin
Módulo de Servicio Europeo (ESM) Recursos y propulsión en el espacio profundo Proporciona oxígeno, nitrógeno, agua, control de temperatura y propulsión secundaria. Airbus / Agencia Espacial Europea (ESA)
Orion Artemis II Optical Communications System Transmisión láser experimental de datos Permite descargas de datos a velocidades inéditas de hasta 260 Megabits por segundo (Mbps). MIT Lincoln Laboratory

La autenticidad de la misión también se hace evidente a través de sus fallos mundanos y burocráticos. Las misiones espaciales reales rara vez salen a la perfección a la primera. De hecho, Artemis II enfrentó múltiples retrasos ampliamente documentados que contradicen cualquier noción de un libreto pre-programado. En noviembre de 2025, un ensayo crítico de la cuenta regresiva del día del lanzamiento, conocido como el Countdown Demonstration Test (CDT), tuvo que ser pospuesto drásticamente por semanas. ¿El motivo? Una simple imperfección física, descrita por la NASA como una mancha o «blemish» en la escotilla de la cápsula Orion, que impidió su sellado hermético perfecto. De acuerdo con el reporte de Spaceflight Now, esto obligó al comandante Reid Wiseman y a su equipo a sentarse durante casi una semana en las instalaciones del Centro Espacial Johnson para trabajar con los controladores de vuelo, ingenieros de materiales y técnicos en la resolución del defecto mecánico. Posteriormente, la misión sufrió otros retrasos de reprogramación debido a fugas de hidrógeno líquido altamente volátil durante las operaciones de tanqueo en febrero y marzo de 2026. Esta fricción material, estos reveses aburridos de la ingeniería termo-dinámica, son la firma ineludible de un esfuerzo tecnológico genuino lidiando con las implacables leyes de la física.

Trayectoria de vuelo de 10 días de la misión Artemis II, desde su lanzamiento en la Tierra hasta el sobrevuelo lunar y su amerizaje en el océano Pacífico.
Trayectoria de vuelo de 10 días de la misión Artemis II, desde su lanzamiento en la Tierra hasta el sobrevuelo lunar y su amerizaje en el océano Pacífico.

El riguroso cronograma de una misión sin precedentes

El perfil de la misión de 10 días de Artemis II es un ballet orbital asombrosamente intrincado. No se trata simplemente de apuntar un cohete hacia la Luna. La tripulación, compuesta por una diversidad de talentos nunca antes vista (incluyendo la especialista de misión Christina Koch, quien tiene el récord del vuelo espacial individual más largo de una mujer, y al piloto Victor Glover, un veterano piloto de pruebas de la Marina de los Estados Unidos), siguió un meticuloso régimen antes incluso de tocar la rampa de lanzamiento. De hecho, los astronautas tuvieron que entrar y salir de un estricto programa de estabilización de salud (cuarentena) en Houston a partir de enero, volviendo a aislarse rigurosamente a mediados de marzo de 2026 para garantizar la ausencia total de patógenos. Un resfriado en la Tierra es una molestia; a casi 400.000 kilómetros de la farmacia más cercana, puede ser catastrófico.

Tras el lanzamiento el 1 de abril, la nave espacial Integrity pasó sus primeras 24 horas en una órbita terrestre excepcionalmente alta e intensamente elíptica. Este período no fue un capricho; funcionó como un campo de pruebas vital en el vacío del espacio para evaluar, por primera vez con humanos respirando dentro, los sistemas críticos de control ambiental y soporte vital. Tras confirmar el excelente funcionamiento de estas infraestructuras vitales, el ESM de Airbus ejecutó la inyección translunar. A diferencia de las misiones Apolo que se posicionaron en órbita alrededor del satélite, Artemis II está diseñada como una trayectoria de retorno libre. Esto significa que la gravedad de la Tierra arrastra a la nave hacia afuera, la Luna la atrapa, la acelera en su campo gravitacional y la lanza como una resortera de vuelta hacia casa, garantizando el regreso seguro incluso ante un eventual fallo total de los motores principales de propulsión.

El clímax histórico de esta proeza ocurrió el 6 de abril de 2026. Ese día, la tripulación pasó por detrás de la Luna, experimentando una separación máxima temporal de la red de comunicaciones de la Tierra, un bloqueo de radio de aproximadamente 41 minutos en la cara oculta del satélite lunar. Al emerger, establecieron una distancia asombrosa, alcanzando el récord del viaje más lejano de nuestro planeta logrado por cualquier ser humano, y recorriendo un total proyectado de más de un millón de kilómetros durante el transcurso de los diez días (exactamente unas 695.081 millas totales). Durante este sobrevuelo a solo 6.545 kilómetros de la superficie lunar, Wiseman, Glover, Koch y Hansen presenciaron cráteres invisibles a simple vista desde la Tierra, como el gigantesco remanente de impacto conocido como la cuenca Orientale, y los escarpados cráteres Pierazzo y Ohm. A través de las gruesas ventanas de cuarzo de la cápsula, enviaron fotos del espectacular «ocaso de la Tierra» o Earthset, una de las vistas más codiciadas de la astronáutica.

Cronograma Esencial de Eventos de Vuelo de la Misión Artemis II (Abril 2026)
Fecha y Día de la Misión Evento Principal Descripción Operativa
1 de Abril (Día 1) Lanzamiento Histórico El SLS despega desde la plataforma 39B en Florida a las 6:35 p.m. EDT.
1 – 2 de Abril (Días 1 y 2) Órbita Terrestre Alta Comprobaciones integrales de los sistemas de soporte vital bajo carga fisiológica humana.
2 de Abril (Día 2) Inyección Translunar Encendido de propulsores mayores para escapar de la órbita de estacionamiento hacia la Luna.
6 de Abril (Día 6) Sobrevuelo Lunar Cruce de la cara oculta de la Luna, logrando el récord de distancia humana desde la Tierra.
7 de Abril (Día 7) Salida de la Esfera de Influencia La nave Orion escapa formalmente de la tracción gravitacional lunar y apunta directo a la Tierra.
10 de Abril (Día 10) Amerizaje en el Océano Pacífico Recuperación de la tripulación por la embarcación anfibia de la Marina estadounidense USS John P. Murtha.

Mientras la nave transita velozmente de regreso, la realidad biológica del vuelo espacial profundo se hace presente, añadiendo un irrefutable y doloroso matiz médico a la historia. La ausencia de un vector de gravedad constante redistribuye los fluidos hacia la parte superior del cuerpo y desentrena el sistema cardiovascular humano. Por esta razón, durante su viaje de vuelta a la Tierra en el día 8 de vuelo, los astronautas se turnaron para probar una prenda médica crítica. Según lo documentado rigurosamente por los informes de actualización operacional de la NASA, esta prenda, denominada «prenda de intolerancia ortostática», se usa debajo del característico traje de color naranja del Orion Crew Survival System. El propósito de este equipo de compresión para la parte inferior del cuerpo es prevenir un colapso cardiovascular y desmayos (síncope) inducidos por el brusco retorno al entorno de un nivel de gravedad normal durante las asombrosas fuerzas de desaceleración del amerizaje. Paralelamente, los cuatro miembros de la tripulación mantuvieron una implacable rutina de ejercicios físicos utilizando un complejo dispositivo de volante de inercia basado en cables, garantizando masa muscular activa mediante levantamiento de peso muerto y remo. Uno no usa prendas especializadas para prevenir fallas hemodinámicas severas si simplemente acaba de almorzar en el comedor de un estudio cinematográfico de Los Ángeles.

El telón de esta odisea se cerrará con un evento logístico y militar colosal en el Océano Pacífico, frente a las costas de San Diego. Allí los esperará el buque de transporte anfibio LPD-26 de la clase San Antonio, el imponente navío de la Armada USS John P. Murtha, equipado con una cubierta de pozo inundable, helicópteros de reconocimiento médico de última generación naval, botes pequeños especiales y buzos militares de rescate especializados, un dispositivo de recuperación extremadamente costoso y público que es absolutamente incapaz de existir en el reino de las alucinaciones conspirativas digitales. El enfoque en el tramo final es total. «Estamos encerrados en esto. Estamos definitivamente emocionados por la segunda mitad de esta misión. Y estamos en guardia», según el capitán retirado de la Marina Reid Wiseman en el artículo detallado por el Department of War.

El legado innegable de Artemis II y el camino hacia Marte

Al final, las pruebas de la autenticidad de la misión Artemis II no solo se miden en el colosal empuje de los motores criogénicos de Aerojet Rocketdyne, en las lecturas matemáticas irrebatibles del efecto Doppler registradas por astrónomos civiles o en los meticulosos exámenes cardiovasculares de intolerancia ortostática de cuatro intrépidos pioneros, sino también en su tremendo propósito institucional. Artemis II no es el punto de llegada; es el cimiento estructural de un edificio monumental. Tras el inmenso flujo de datos recogidos sobre cómo las células humanas y el hardware de silicio reaccionan a la implacable radiación de Van Allen fuera de la magnetosfera de la Tierra, se preparará el terreno definitivo para el futuro cercano.

Ya se vislumbra en el calendario la inminente misión Artemis III, programada para intentar realizar pruebas rigurosas de acoplamiento en la órbita de nuestro planeta, junto a vehículos modulares de clase pesada como el Starship Human Landing System (HLS) de la corporación SpaceX o el módulo de diseño de propulsión avanzada Blue Moon de Blue Origin. Esto derivará directamente en Artemis IV, donde, por primera vez, el hielo escarpado e inhóspito del inexplorado Polo Sur lunar experimentará las pisadas de una nueva generación de botas espaciales humanas. Este proyecto avanza blindado mediante un fuerte consenso político y científico bipartidista, sobreviviendo múltiples transiciones gubernamentales de distintas administraciones presidenciales de Estados Unidos, uniendo mentes magistrales globales a través de los extensos tratados internacionales del Acuerdo de Artemis y el liderazgo renovado de visionarios designados recientemente como administradores de las principales agencias.

Cada época tecnológica ha tenido que luchar contra la gravedad de la ignorancia. Mientras los teóricos de la conspiración invierten horas infinitas diseccionando meticulosamente los reflejos pixelados en el envase de un producto o un efecto borroso producto de la sobrecompresión televisiva, un artefacto real, forjado a base de sudor, matemáticas avanzadas y la ambición indomable de miles de mentes brillantes, recorre en absoluto silencio las silenciosas distancias del cosmos a casi cuarenta mil kilómetros por hora. La historia se está escribiendo de nuevo, la exploración real trasciende la ficción vacía y, pase lo que pase, las estrellas oscuras continúan observándonos, pacientemente, mientras nosotros por fin las alcanzamos una vez más.

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El autor

Edgar Medina es el fundador de Crónicatech. Ha escrito para medios reconocidos como El Tiempo, revista Donjuán, Portafolio, La República, revista Semana y Canal RCN. Actualmente trabaja como estratega de SEO técnico para marcas de Estados Unidos como Tesla, Jefferson University y Footlocker. También es asesor de marketing digital a través de su empresa Crónica Marketing.
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