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F1: reseña de un insospechado nominado a Los Óscar

Analizamos F1, la cinta de Joseph Kosinski nominada a los Oscars 2026. Descubre cómo la tecnología de Sony y Lewis Hamilton crearon la carrera más real del cine.

Hay un momento exacto, apenas unos segundos después de que se apagan las luces del semáforo en la secuencia inicial de F1, en el que el espectador deja de ver una película y comienza a sentir la vibración del asfalto en la butaca. No es solo el diseño de sonido, aunque la mezcla Dolby Atmos nominada al Oscar tenga gran parte de la culpa; es algo más visceral. Es la sensación de velocidad real, capturada sin pantallas verdes, lo que separa a esta producción de Apple Original Films de cualquier otro intento previo en la historia del cine deportivo.

Si Grand Prix (1966) de John Frankenheimer nos enseñó el rostro del piloto y Le Mans (1971) de Steve McQueen nos mostró la obsesión por la máquina, F1 (2025) ha llegado para sentarnos, literalmente, dentro del cockpit. Tras su estreno en junio de 2025 y su posterior recorrido triunfal por la taquilla —recaudando más de 600 millones de dólares a nivel global según datos recientes de Hobby Consolas—, la cinta dirigida por Joseph Kosinski llega a la temporada de premios 2026 no solo como un blockbuster veraniego, sino como una pieza de ingeniería cinematográfica que ha valido su nominación a Mejor Película en los Premios de la Academia.

En Crónica Tech hemos desmenuzado la tecnología, la producción y el contexto histórico para entender por qué la historia de Sonny Hayes (Brad Pitt) y el equipo APXGP ha logrado lo que parecía imposible: convencer tanto a los puristas de la Fórmula 1 como a los críticos de Hollywood.

El “Efecto Kosinski” y la revolución de la cámara Carmen

Para entender el logro técnico de F1, primero debemos mirar atrás, hacia el trabajo anterior de Kosinski: Top Gun: Maverick. Allí, el director demostró que el público estaba hambriento de realismo práctico, cansado de las batallas aéreas generadas por ordenador (CGI). Sin embargo, meter una cámara IMAX dentro de un caza F-18 es, paradójicamente, más sencillo en términos de espacio que meterla en el habitáculo de un monoplaza de Fórmula 1, donde cada milímetro y cada gramo afectan la aerodinámica y la seguridad del piloto.

Aquí es donde entra en juego la verdadera protagonista tecnológica de la cinta: la cámara Sony Venice 2 modificada, apodada cariñosamente por el equipo de rodaje como “Carmen”.

Anatomía del APXGP: El diagrama muestra cómo el equipo de cámara integró los sensores Sony Venice en el chasis modificado de Fórmula 2.
Anatomía del APXGP: El diagrama muestra cómo el equipo de cámara integró los sensores Sony Venice en el chasis modificado de Fórmula 2.

Según reveló el director de fotografía Claudio Miranda en una entrevista técnica para Sony Cine, el desafío era crear un sistema que pudiera soportar las Fuerzas G extremas de las curvas de Silverstone o Spa-Francorchamps sin sacrificar la calidad cinematográfica 6K. La solución fue radical: separar el sensor del cuerpo de la cámara. Utilizando un sistema de extensión llamado Rialto, el equipo logró colocar solo el bloque óptico (el “ojo” de la cámara) en lugares imposibles, como el halo de seguridad o los espejos retrovisores, mientras que el cuerpo grabador, las baterías y los transmisores se escondían en los pontones del coche, refrigerados por el propio aire que entra a 300 km/h.

Los coches utilizados no eran F1 reales, sino chasis de Fórmula 2 modificados por el equipo Mercedes-AMG para lucir idénticos a los de la categoría reina. Sin embargo, la velocidad era real. Brad Pitt y Damson Idris (quien interpreta al novato Joshua Pearce) condujeron estos bólidos en fines de semana de carrera reales, compartiendo pista con Max Verstappen y Lewis Hamilton durante las vueltas de formación y sesiones específicas. No hubo dobles digitales para los primeros planos de conducción; el miedo en los ojos de Pitt al entrar en la curva Copse es genuino.

El Factor Hamilton: cuando la realidad supera la ficción

Uno de los mayores temores de los aficionados cuando se anunció el proyecto era que Hollywood “americanizara” en exceso un deporte que es intrínsecamente europeo y técnico. Aquí es donde la figura de Lewis Hamilton, productor ejecutivo a través de su compañía Apollo Dawn Films, se convirtió en el cortafuegos contra la cursilería.

Hamilton no se limitó a poner su nombre en el póster. Su implicación fue obsesiva. Según reportes de Car and Driver, el siete veces campeón del mundo revisó el guion línea por línea. “No cambiarías de marcha ahí”, “ese no es el sonido que hace el motor al reducir”, o “un piloto nunca diría eso a su ingeniero” fueron correcciones habituales durante la preproducción.

Esta búsqueda de autenticidad se extendió al sonido. La película está nominada al Oscar a Mejor Sonido, y con razón. El equipo de Mark Mangini no usó librerías de sonido genéricas. Grabaron los motores híbridos V6 turbo actuales, con su característico silbido eléctrico, pero también los mezclaron sutilmente con rugidos de motores V10 de los 90 para los flashbacks de Sonny Hayes, creando una narrativa sonora que distingue el pasado analógico del presente digital.

Datos Clave de la Producción

A continuación, presentamos una tabla comparativa que ilustra la magnitud del proyecto frente a sus competidores históricos:

Película Presupuesto (Est.) Tecnología Principal Asesor Técnico Recaudación Global
F1 (2025) $300M Sony Venice 2 (Rialto) / Coches F2 Modificados Lewis Hamilton / Mercedes $630M+ (Proyección)
Ford v Ferrari (2019) $97M Cámaras Digitales / Réplicas GT40 Charlie Agapiou $225M
Rush (2013) $38M Cámaras Canon Indie / CGI Mezclado Niki Lauda $98M
Le Mans (1971) $7M (de la época) Cámaras de 35mm montadas en Porsche 908 Steve McQueen $5.5M

Carrera hacia los Oscars 2026: ¿Justicia técnica o narrativa?

La nominación de F1 a Mejor Película en los Oscars de 2026 ha sorprendido a algunos sectores de la crítica más tradicional, que suelen ver el cine de acción como un género menor. Sin embargo, la Academia ha reconocido que la complejidad logística de rodar durante Grandes Premios reales (Silverstone, Hungaroring, Monza, Abu Dhabi) sin detener la competición real es un hito cinematográfico.

Aunque las actuaciones de Pitt y Javier Bardem (quien brilla como el carismático y estresado jefe de equipo Ruben) son sólidas, el verdadero valor de la cinta reside en su montaje. Stephen Mirrione, nominado a Mejor Montaje, tuvo la titánica tarea de coser imágenes de las carreras reales de la temporada 2023 y 2024 con la ficción de la película. El resultado es tan fluido que resulta difícil distinguir cuándo estamos viendo a Carlos Sainz adelantando a un Ferrari real y cuándo es el coche de APXGP luchando por posición.

Evolución de la Velocidad: De las cámaras de 35mm atadas con cuerdas en 1966 a la integración digital total de 2025.
Evolución de la Velocidad: De las cámaras de 35mm atadas con cuerdas en 1966 a la integración digital total de 2025.

Quizás la única nota agridulce sea la música. Aunque la banda sonora de Hans Zimmer aporta la epicidad necesaria, algunos críticos han señalado que su trabajo aquí es una variación de sus temas para The Dark Knight, lo que podría explicar su ausencia en las nominaciones principales frente a propuestas más innovadoras. Sin embargo, el tema principal de la película ya se ha convertido en un himno en los circuitos, reemplazando en el imaginario colectivo a la clásica intro de las retransmisiones televisivas.

Conclusión: La bandera a cuadros

F1 no es una película perfecta. Su guion sigue la estructura clásica del “camino del héroe” deportivo que hemos visto mil veces: caída, redención y relevo generacional. Pero juzgarla solo por su trama sería como criticar un monoplaza por no tener aire acondicionado. Su propósito es otro.

Joseph Kosinski y Lewis Hamilton han logrado capturar la violencia controlada, la soledad del piloto y la complejidad técnica de la Fórmula 1 moderna de una manera que Rush o Ford v Ferrari, siendo excelentes películas, no pudieron abordar por estar situadas en el pasado. F1 es cine del presente para el público del futuro, una experiencia que exige la pantalla más grande posible y que, muy probablemente, se llevará a casa las estatuillas técnicas en la gala de marzo de 2026.

Para los amantes de la tecnología y el cine, esta película es la demostración empírica de que, a veces, los efectos prácticos y el olor a gasolina quemada valen más que todos los terabytes de CGI de Hollywood.

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El autor

Edgar Medina es el fundador de Crónicatech. Ha escrito para medios reconocidos como El Tiempo, revista Donjuán, Portafolio, La República, revista Semana y Canal RCN. Actualmente trabaja como estratega de SEO técnico para marcas de Estados Unidos como Tesla, Jefferson University y Footlocker. También es asesor de marketing digital a través de su empresa Crónica Marketing.
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