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¿Por qué estudiar más no siempre aumenta tus ingresos?: Análisis

¿Estudiar más te va a llevar a ganar más dinero? El investigador y profesor Fabián Herrera hizo un análisis de datos donde cruzó los puntajes de la prueba SaberPro (de Colombia) con la Tasa Interna de Retorno (TIR) y los resultados son asombrosos. Análisis.

La historia de la educación superior en Colombia se ha construido sobre un relato de recompensa lineal: el estudiante que obtiene resultados superiores en los exámenes de Estado accede a una vida de estabilidad económica. Este mito, alimentado por décadas de política pública y expectativas familiares, presenta al puntaje de la prueba SaberPro como una suerte de talismán capaz de garantizar el retorno de la inversión realizada en el aula. Sin embargo, un análisis de datos reciente, ejecutado sobre registros de la Agencia Distrital para la Educación Superior, la Ciencia y la Tecnología (Atenea), ha fragmentado esta narrativa.

El investigador y profesor Fabián Herrera presentó un estudio de dispersión que utiliza registros de egresados para confrontar el desempeño académico con la realidad financiera. El resultado es una estadística que despoja al examen estandarizado de su capacidad predictiva sobre el éxito laboral. A continuación, se detalla la trayectoria de estos datos y el significado técnico de una línea de tendencia que se niega a subir.

826 historias convertidas en registros

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Para entender la dimensión del hallazgo, es necesario desglosar la materia prima del análisis. El estudio no se basa en percepciones, sino en una muestra de 826 registros provenientes de bases de datos oficiales de Atenea. Estos datos representan el cruce entre dos variables que definen la vida del profesional contemporáneo: el conocimiento certificado y la rentabilidad del dinero.

La primera variable es el Puntaje SaberPro, una métrica diseñada por el Estado para evaluar competencias genéricas y específicas al final de la carrera universitaria. La segunda es la Tasa Interna de Retorno (TIR), un indicador financiero que mide la eficiencia del capital invertido en educación en relación con los ingresos percibidos tras la graduación. Según Fabián Herrera en el texto introductorio de su análisis: “La TIR representa la capacidad económica del egresado para recuperar el capital invertido en su formación académica a través de sus ingresos laborales”.

La distribución de estos 826 puntos en un plano cartesiano forma una nube de datos que ocupa casi la totalidad del espectro de posibilidades, desde egresados con una rentabilidad superior al 100% ($TIR > 1.0$) hasta profesionales con una rentabilidad negativa del -40% ($TIR < -0.4$), independientemente de si su puntaje fue de 100 o de 200 puntos.

Tabla 1: Estructura de las variables del conjunto de datos analizado

ComponenteDefinición TécnicaRango Observado
Muestra (n)Volumen de registros de egresados analizados826 casos
Puntaje (Eje X)Resultado obtenido en la prueba SaberPro~85 a ~210 puntos
TIR (Eje Y)Tasa de rentabilidad del capital educativo-0.4 a 1.2 (decimal)
Fuente de DatosOrigen de la información primariaAtenea (Agencia Distrital)

Un horizonte sin inclinación estadística

El núcleo del análisis matemático se encuentra en la regresión lineal aplicada a la nube de puntos. En un escenario donde el desempeño académico fuera el motor de la rentabilidad, la línea de tendencia mostraría una pendiente ascendente pronunciada. No obstante, los datos de Fabián Herrera revelan una geometría distinta: una línea roja que se extiende de manera casi horizontal a lo largo del gráfico.

La ecuación que describe este comportamiento es la siguiente:

$$y = -0.0018x + 0.5918$$

Aquí, el valor de la pendiente ($m$) es de $-0.0018$. En términos prácticos, esto significa que por cada punto adicional que un estudiante suma en su examen de Estado, su rentabilidad económica disminuye en una proporción mínima de 0.0018. Fabián Herrera destaca esta observación técnica al señalar que: “La línea de tendencia (esa línea roja casi horizontal) tiene una pendiente de apenas (-0,0018). Esto indica que el puntaje no tiene un impacto significativo en la rentabilidad dentro de este conjunto de datos”.

Esta falta de inclinación es el primer indicio de la desconexión entre el aula y el mercado. La estadística sugiere que el esfuerzo dedicado a incrementar el puntaje académico no se traduce en un incremento en la capacidad de recuperar la inversión económica. El gráfico muestra que el éxito financiero es, bajo este modelo, una variable que no responde a la estimulación del promedio académico certificado por la prueba SaberPro.

El enigma del 99,2%: El valor que reside fuera del examen

El dato más contundente del análisis no es la pendiente, sino el Coeficiente de Determinación ($R^2$). Este número indica qué porcentaje de la variación de la rentabilidad ($TIR$) puede explicarse a través del puntaje obtenido en la prueba. El valor obtenido en el estudio de Herrera es de 0.0083.

Traducido a porcentajes, el puntaje académico solo explica el 0.83% de la variabilidad del éxito económico de los egresados. Según Fabián Herrera en el apartado de resultados estadísticos: “La precisión R2 es de 0,0083, lo cual es extremadamente bajo. Esto significa que el puntaje solo explica el 0,8% de la variación de la TIR”. La implicación técnica es directa: el sistema de evaluación estatal está ignorando casi la totalidad de los factores que el mercado laboral realmente remunera.

Tabla 2: Análisis del Coeficiente de Determinación y Variabilidad

Métrica EstadísticaValorInterpretación del Hallazgo
Coeficiente $R^2$0.0083Capacidad predictiva nula del modelo
Varianza Explicada0.83%Influencia del puntaje en la rentabilidad
Varianza No Explicada99.17%Influencia de factores ajenos a la academia

Este 99,2% de variabilidad restante constituye un enigma para el modelo académico tradicional. Fabián Herrera concluye que: “El otro 99,2% de la rentabilidad dependerá de quién sabe qué, pero de ser pilo académicamente no”. Este porcentaje sugiere que variables como las redes de contactos, la elección de sectores económicos específicos, las habilidades de negociación o la procedencia institucional tienen un peso superior al conocimiento técnico medido en una prueba de selección múltiple.

La desconexión estructural entre la universidad y su contexto

La evidencia de estos 826 registros conduce a un cuestionamiento sobre la utilidad de los instrumentos de medición actuales y el enfoque de la formación universitaria en Colombia. Si la prueba que mide la “excelencia” académica no tiene relación con la capacidad de generar valor económico, existe una falla en la alineación entre la oferta educativa y la demanda del entorno productivo.

El análisis plantea interrogantes sobre la dirección de los recursos y el tiempo de los estudiantes. Fabián Herrera utiliza los datos para cuestionar la validez del sistema: “¿Sirve la prueba Saber PRO? ¿Lo que se enseña en Colombia corresponde con la realidad del contexto? ¿Deberíamos enfocamos en sacar buenas notas o en qué?”. Los puntos dispersos en el gráfico muestran que obtener un puntaje de 200 no ofrece una ventaja estadística sobre quien obtiene 120 al momento de enfrentar la recuperación del capital invertido en la matrícula.

Esta realidad estadística no niega la importancia del conocimiento, sino que señala su falta de conexión con los mecanismos de generación de riqueza en el mercado laboral colombiano. El estudio sugiere que la academia opera en un sistema de métricas aislado que no tiene resonancia en el tejido económico real. Para que la formación tenga un impacto en las finanzas del egresado, la universidad debe trascender la preparación para exámenes estandarizados.

Hacia una redefinición del valor del egresado

La lección final de la gráfica de dispersión no es la inutilidad del estudio, sino la necesidad de una conexión orgánica con el entorno. El análisis de Herrera cierra con una reflexión sobre el papel de las instituciones: “Yo soy un creyente de que la pilera académica enriquece, no solo el espíritu y la mente, sino también el bolsillo. Pero para que eso pase las universidades deben conectarse con su contexto y construir valor real”.

Los datos de Atenea sirven como un recordatorio de que la formación académica es solo un componente de una ecuación mucho más compleja. En un entorno donde el 0,8% de la rentabilidad es lo único que explica el puntaje, el valor real del profesional parece residir en su capacidad para interpretar el contexto, adaptarse a las necesidades del sector privado y generar soluciones que el mercado esté dispuesto a financiar por encima de la certificación de un examen.

La historia del estudiante que solo se enfoca en el puntaje como garantía de éxito económico llega a su fin con estos datos. La estadística de Fabián Herrera demuestra que el retorno de inversión es un fenómeno que ocurre en el contacto con la realidad, no en el silencio de un aula de examen. La rentabilidad del futuro egresado no depende de un número en una escala de 0 a 300, sino de su capacidad para descifrar ese 99.2% de variables que el Estado todavía no ha aprendido a medir.

Y entonces… ¿por qué?

La pregunta sobre por qué un mayor desempeño en las aulas no se traduce automáticamente en una cuenta bancaria más robusta encuentra su respuesta en la estructura técnica del mercado laboral colombiano analizada por Fabián Herrera. Los datos demuestran que el sistema educativo y el sistema productivo operan bajo lógicas de valoración distintas, donde el “mérito académico” capturado por las pruebas estandarizadas representa apenas una fracción mínima del éxito financiero.

Las pruebas SaberPro miden competencias específicas y genéricas, pero no evalúan la capacidad de un individuo para generar valor económico directo en una organización. Un estudiante puede ser “pilo” académicamente, pero carecer de las habilidades de ejecución que el mercado remunera con salarios altos. Como señala Fabián Herrera: “Uno diría que los mas pilos, deberían tener un mejor retorno del dinero invertido en su carrera. Pero NO”.

Los siguientes factores, aunque no se encuentran explicados en el análisis de Herrera serían los elementos cruciales detrás de la rentabilidad profesional:

Capital socialRedes de contactos y acceso a mercados laborales de alta gama.
Soft skillsNegociación, liderazgo y resolución de conflictos en tiempo real.
Elección de sectorRentabilidad intrínseca de la industria elegida (ej. Tech vs. Humanidades).
Experiencia prácticaConocimiento del contexto real frente al conocimiento teórico del aula.

La conclusión de los datos es que la universidad, en muchos casos, está enseñando para un contexto que no existe o que no es el que paga las facturas. El estudio enfatiza que para que la “pilera” académica realmente pague, las instituciones deben conectarse con la realidad productiva. “El otro 99,2% de la rentabilidad dependerá de quien sabe que, pero de ser pilo académicamente no”, concluye Herrera, subrayando que el mercado valora el “saber hacer” y el “con quién” muy por encima del “saber responder” en un formato de selección múltiple.

En última instancia, estudiar más no aumenta los ingresos porque el estudio tradicional se enfoca en el 0.8% de la ecuación del éxito, dejando al azar o a la intuición el resto de los factores que realmente mueven la aguja financiera del profesional moderno.

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El autor

Edgar Medina es el fundador de Crónicatech. Ha escrito para medios reconocidos como El Tiempo, revista Donjuán, Portafolio, La República, revista Semana y Canal RCN. Actualmente trabaja como estratega de SEO técnico para marcas de Estados Unidos como Tesla, Jefferson University y Footlocker. También es asesor de marketing digital a través de su empresa Crónica Marketing.
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