La verdad oculta tras la crítica de Verstappen a la F1 de 2026

El paddock de la Fórmula 1 nunca ha sido solo un lugar de competición deportiva; es un tablero de ajedrez donde cada declaración, cada suspiro y cada crítica técnica esconde una jugada política. Estamos en febrero de 2026, los motores de la nueva era han comenzado a rugir en los bancos de pruebas y en los primeros shakedowns, y la frase lapidaria de Max Verstappen resuena más fuerte que nunca: «Esto es Fórmula E con esteroides».

Lo que a simple vista parece el lamento de un purista que extraña el sonido ensordecedor de los V10, podría ser en realidad la cortina de humo más sofisticada de la última década. ¿Tiene razón el campeón neerlandés sobre la «destrucción» del ADN de la F1, o estamos ante una estrategia de control de daños orquestada desde Milton Keynes ante los desafíos de su propio proyecto de motor?

La génesis de la discordia: «Cambiar marcha en plena recta»

Para entender la furia de Verstappen, hay que mirar bajo el capó de las regulaciones de 2026. La FIA, en su búsqueda de la sostenibilidad y la relevancia automotriz, dictaminó un cambio radical: la eliminación del MGU-H (el complejo sistema de recuperación de energía calorífica) y un aumento brutal de la dependencia eléctrica.

El problema, según Max, surgió cuando probó el modelo en el simulador. Describió un escenario dantesco para un piloto de carreras: tener que bajar de marcha (downshift) en plena recta de Monza a 340 km/h porque el motor de combustión se queda sin apoyo eléctrico y necesita regenerar energía desesperadamente. «Nuestra batería es demasiado pequeña para lo que se le exige», argumentó.

Si la F1 se convierte en una competición de gestión de energía donde el piloto pasa el 40% de la vuelta levantando el pie para cargar baterías, la comparación con la Fórmula E deja de ser una hipérbole para convertirse en una descripción técnica precisa.

La clave de todo reside en la nueva arquitectura de la Unidad de Potencia. Hasta 2025, el motor de combustión interna (ICE) hacía el trabajo pesado. En 2026, la ecuación se ha equilibrado peligrosamente.

Según los datos técnicos oficiales de la Formula 1, el motor de combustión reduce su potencia de unos 550kW a 400kW, mientras que la parte eléctrica (el MGU-K) se dispara, triplicando su potencia de 120kW a 350kW (casi 470 caballos de fuerza eléctricos).

La transformación del corazón de la F1: El drástico aumento de la potencia eléctrica define las reglas de 2026.

Este cambio obliga a los ingenieros a replantearse la física de las carreras. Si la batería se agota antes de llegar a la zona de frenada, el coche se convierte en un ladrillo aerodinámico impulsado por un motor de gasolina capado. De ahí el temor al «clipping» (corte de potencia) al final de las rectas.

¿Pánico en Red Bull Powertrains?

Aquí es donde entra la teoría de la conspiración, o quizás, la realidad industrial. Por primera vez en su historia, Red Bull no es un cliente de Honda o Renault. Son fabricantes. Red Bull Ford Powertrains es un proyecto titánico nacido de la necesidad tras la salida (y posterior regreso) de Honda.

Toto Wolff, jefe de Mercedes, no tardó en disparar: «Creo que [Horner y Verstappen] están asustados porque su proyecto de motor va con retraso». La lógica de Wolff es implacable: si tu motor no es eficiente gestionando esa división 50/50, tu única opción es presionar públicamente para que la FIA cambie las reglas y reduzca la dependencia eléctrica, salvando así tu inversión.

Informes recientes sugieren que, aunque el motor de combustión de Red Bull-Ford es robusto, la integración del sistema híbrido de 350kW ha presentado desafíos de temperatura y fiabilidad que Mercedes y Ferrari, con décadas de experiencia híbrida, podrían haber resuelto antes.

La FIA no se ha quedado de brazos cruzados ante las críticas de que los coches serían lentos o aburridos. Para evitar trenes de DRS inútiles, han introducido el «Manual Override Mode».

A diferencia del DRS tradicional que solo reducía la resistencia al aire, este sistema permite al coche perseguidor desplegar potencia eléctrica extra (hasta 350kW completos) hasta los 337 km/h, mientras que el coche líder comienza a perder potencia eléctrica (el perfil de despliegue se reduce) a partir de los 290 km/h. Es un «push-to-pass» glorificado diseñado para asegurar que los adelantamientos sigan existiendo, incluso si los pilotos están gestionando energía.

Coches «Frankenstein»: La Aerodinámica Activa

Para compensar la pérdida de potencia del motor de combustión y la necesidad de eficiencia extrema, los coches de 2026 han sido descritos por Christian Horner como «Frankenstein técnicos». La razón es la aerodinámica activa obligatoria, una solución compleja para un problema creado por el motor.

El coche tendrá dos estados: el Modo-Z (alta carga aerodinámica para curvas) y el Modo-X (baja carga aerodinámica para rectas). No es solo el alerón trasero el que se mueve; el alerón delantero también modificará sus flaps activamente. Esto reduce la resistencia al aire drásticamente en las rectas, permitiendo que el motor eléctrico no se agote tan rápido.

El concepto de ‘Aerodinámica Activa’: Los coches cambiarán su forma en tiempo real para compensar la pérdida de potencia en rectas.

Verstappen argumenta que esto artificializa la conducción: «El coche se conduce solo en las rectas y tú solo gestionas botones». La pureza de luchar contra la resistencia del aire con la fuerza bruta del motor ha desaparecido.

Otro punto crítico es el peso. A pesar de que la FIA prometió coches más ligeros (reduciendo el peso mínimo nominal en 30 kg), la realidad física de las baterías es tozuda. Una batería capaz de entregar y recuperar 350kW de potencia es pesada y voluminosa.

«Es imposible llegar a ese peso», confesaron varios directores técnicos a Motorsport.com. Para Verstappen, que prefiere coches ágiles y con un tren delantero reactivo, conducir un monoplaza que se siente azaroso e inestable en las curvas lentas es la antítesis de la diversión.

La sombra de Honda y Aston Martin

Mientras Red Bull lucha con su nuevo departamento de motores, su antiguo socio, Honda, se ha mudado a Silverstone para propulsar a Aston Martin. Irónicamente, Honda es quien tiene la experiencia más reciente y exitosa en la gestión de energía híbrida en la F1 actual.

Si Honda logra entregar a Fernando Alonso y Lance Stroll un motor en 2026 que gestione la energía mejor que el Ford de Red Bull, la decisión de Milton Keynes de volverse independiente podría ser recordada como un error histórico. Datos filtrados sugieren que Honda está trabajando en tecnologías de celdas de batería ultrarrápidas que podrían mitigar el problema del «clipping» mucho mejor que sus rivales novatos.

Tabla comparativa: el salto tecnológico

Para visualizar la magnitud del cambio que preocupa a Verstappen, observemos las cifras clave:

Especificación Era Actual (2022-2025) Nueva Era (2026+)
Potencia ICE (Combustión) ~550-600 kW ~400 kW (Reducido)
Potencia Eléctrica (ERS) 120 kW (160 CV) 350 kW (470 CV)
Reparto de Potencia 80% Fuego / 20% Eléctrico ~50% Fuego / 50% Eléctrico
MGU-H Sí (Complejo y caro) No (Eliminado)
Aerodinámica DRS (Solo alerón trasero) Activa Total (Alerón Delantero y Trasero)
Combustible 10% Sostenible (E10) 100% Sostenible

No podemos ignorar el contexto contractual. Verstappen tiene cláusulas de rendimiento en su contrato. Al criticar tan duramente las reglas de 2026 antes de que empiecen, está construyendo una narrativa.

Si el Red Bull RB22 (el coche de 2026) no es competitivo, Max puede decir: «Os lo advertí, esto no es F1, me voy». Su interés en las carreras de resistencia (WEC) y las 24 Horas de Le Mans es público. Pintar la F1 de 2026 como una categoría «falsa» o «lenta» facilita su justificación para abandonar el barco si Red Bull Ford fracasa en su primer intento.

El veredicto: ¿Esteroides o Evolución?

Decir que la F1 de 2026 es una «Fórmula E con esteroides» es técnicamente incorrecto pero emocionalmente resonante. Los coches seguirán teniendo motores de combustión V6 turbo que sonarán (aunque menos) y usarán combustible. No son eléctricos puros.

Sin embargo, la crítica de Verstappen apunta a una verdad incómoda: la tecnología está dictando el espectáculo de una manera que obliga a los pilotos a ser ingenieros en tiempo real en lugar de gladiadores. La gestión de energía siempre ha sido parte de las carreras, desde el ahorro de combustible en los 80, pero nunca había sido el factor limitante del rendimiento en una vuelta de clasificación.

Al final, la F1 siempre ha sobrevivido a sus cambios de reglas. Pero la ansiedad de Red Bull es palpable. Están escalando el Everest sin oxígeno mientras Mercedes y Ferrari llevan años aclimatándose en el campamento base. Y Max Verstappen, con su franqueza brutal, simplemente está gritando que el aire se está volviendo demasiado fino.

Publicado por

Edgar Leonardo Medina

Edgar Medina es el fundador de Crónicatech. Ha escrito para medios reconocidos como El Tiempo, revista Donjuán, Portafolio, La República, revista Semana y Canal RCN. Actualmente trabaja como estratega de SEO técnico para marcas de Estados Unidos como Tesla, Jefferson University y Footlocker. También es asesor de marketing digital a través de su empresa Crónica Marketing.

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