Hubo una época, no hace tanto tiempo, en la que mirar al cielo nocturno era la única forma que tenía la humanidad de entender su lugar en el cosmos. Antes de los relojes atómicos, del GPS y de las notificaciones en nuestros teléfonos inteligentes, los planetas eran los verdaderos cronometradores de la historia. Los antiguos babilonios, los mayas y los astrónomos de la corte imperial china pasaban noches enteras registrando el movimiento de esas “estrellas errantes” que desafiaban la inmutabilidad del firmamento. Para ellos, que Júpiter, Venus o Saturno se encontraran en una misma región del cielo no era simplemente una curiosidad; era un presagio, una señal divina que podía dictar el destino de imperios.
Hoy, en pleno 2026, hemos perdido parte de ese miedo místico, pero hemos ganado algo igual de poderoso: la capacidad de predecir con exactitud matemática cuándo nuestro vecindario cósmico nos regalará un espectáculo visual. Y precisamente, este 28 de febrero de 2026, estamos citados con uno de esos momentos que, si la meteorología lo permite, nos obligará a levantar la vista de las pantallas y reconectar con la bóveda celeste.
Se habla mucho en redes sociales sobre una “alineación perfecta” o un “desfile de todos los planetas”. Pero en Crónica Tech nos gusta ir más allá del titular viral. ¿Qué es lo que realmente vamos a ver? ¿Es cierto que se verán todos los planetas? La respuesta es fascinante, compleja y requiere que entiendas no solo qué mirar, sino cómo funciona la inmensa maquinaria de gravedad en la que viajamos.
La anatomía de un “Desfile Planetario”
Primero, debemos desmontar un mito visual. Cuando escuchamos “alineación planetaria”, nuestra mente, condicionada por ilustraciones de libros de texto escolares, imagina a los planetas ordenados en una fila india perfecta saliendo desde el Sol, como si estuvieran posando para una foto de familia. La realidad física es muy distinta, aunque el efecto visual desde la Tierra es igualmente impresionante.
Lo que ocurrirá a finales de febrero de 2026 es lo que los astrónomos llaman un desfile planetario. No es que los planetas se toquen ni que estén físicamente cerca unos de otros —siguen separados por millones de kilómetros de vacío—, sino que, desde nuestra perspectiva terrestre, todos parecen agruparse en un mismo sector del cielo. Esto sucede porque todos los planetas orbitamos al Sol en un plano relativamente plano llamado la eclíptica. Imagina el sistema solar como un disco de vinilo; todos giramos sobre el disco. Cuando la Tierra se coloca en la posición correcta, podemos ver a nuestros vecinos proyectados sobre esa línea imaginaria en el cielo.

Según los datos más recientes de la NASA y los cálculos de mecánica celeste para 2026, este evento es técnicamente una alineación de seis planetas. Sí, has leído bien: seis mundos compartiendo el escenario tras la puesta de Sol. Sin embargo, no todos serán accesibles para el ojo desnudo, y aquí es donde la tecnología y el conocimiento marcan la diferencia entre ver unos puntos brillantes o entender el universo.
¿Quiénes son los protagonistas de este 28 de febrero?
A diferencia de la famosa alineación de 2025, donde Marte jugó un papel crucial, el “elenco” de febrero de 2026 tiene sus propias particularidades. Los actores principales que se desplegarán en el cielo vespertino (al atardecer) son:
- Venus: La estrella del show. Será inconfundible, brillando intensamente en el oeste.
- Júpiter: El gigante gaseoso, siempre imponente, dominará el cielo del sureste/este, actuando como contrapeso visual.
- Saturno: El señor de los anillos estará presente, aunque su brillo será más tenue y estará más bajo en el horizonte occidental.
- Mercurio: El mensajero alado es el más esquivo. Estará muy bajo, luchando contra el resplandor crepuscular del Sol recién oculto.
- Urano y Neptuno: Los gigantes de hielo estarán ahí, invitados silenciosos a la fiesta, pero invisibles para el ojo humano sin ayuda óptica.
Es vital notar una ausencia importante: Marte. En esta configuración específica de finales de febrero de 2026, el Planeta Rojo no forma parte de este grupo vespertino principal de la misma manera que los otros, ya que su órbita lo sitúa en una posición diferente respecto a nuestra línea de visión en ese momento del día.
Guía de observación: Cómo no perderse el espectáculo
Para observar este fenómeno, la planificación es esencial. No basta con salir al balcón a cualquier hora. La ventana de oportunidad es estrecha y depende de la rotación de la Tierra. Según el portal especializado Star Walk, el mejor momento será aproximadamente 30 a 60 minutos después de la puesta de Sol. Si esperas demasiado, Mercurio y Saturno habrán descendido por debajo del horizonte; si sales muy pronto, la luz solar ocultará a los más débiles.
Paso 1: La ubicación y el horizonte
Busca un lugar con el horizonte Oeste y Suroeste despejado. Edificios altos o montañas bloquearán a Mercurio y Saturno, que estarán “rozando” la línea de tierra. La contaminación lumínica de las ciudades afectará principalmente a tu capacidad para ver a Saturno a simple vista y hará imposible localizar a Urano o Neptuno sin telescopio.
Paso 2: El recorrido visual
Tu mirada debe comenzar por el Oeste, donde el Sol se ha ocultado. Allí, muy bajo, intentarás cazar a Mercurio. Un poco más arriba y mucho más brillante, encontrarás a Venus. Siguiendo esa línea imaginaria hacia arriba (la eclíptica), te toparás con Saturno (cerca de Venus) y, mucho más lejos hacia el Este/Sureste, verás el resplandor inconfundible de Júpiter. Es casi poético: un arco que cruza el cielo conectando mundos de roca y gas.
| Planeta | Visibilidad (Ojo desnudo) | Ubicación aproximada | Dificultad |
|---|---|---|---|
| Venus | Excelente (Muy brillante) | Oeste, altura media | Muy Baja |
| Júpiter | Excelente | Este/Sureste | Baja |
| Saturno | Buena/Regular | Oeste, cerca de Venus | Media |
| Mercurio | Difícil | Muy bajo en el Oeste | Alta (Requiere horizonte limpio) |
| Urano/Neptuno | Invisible (Requiere óptica) | Suroeste (Urano), Oeste (Neptuno) | Extrema (Solo con equipo) |
Paso 3: Tecnología al rescate
Afortunadamente, ya no dependemos de astrolabios de latón. Para confirmar qué punto de luz es cuál, aplicaciones como Stellarium, Sky Tonight o SkySafari son herramientas indispensables. Estas apps utilizan el giroscopio y el GPS de tu móvil para superponer un mapa estelar en tiempo real sobre lo que ve tu cámara. Es especialmente útil para encontrar a Urano, que se situará en una posición más alta en el Suroeste, cerca del cúmulo de las Pléyades, según indican los mapas celestes de Stellarium Web.

¿Por qué nos fascinan tanto las alineaciones?
Más allá de la belleza estética, eventos como el del 28 de febrero de 2026 nos recuerdan la escala de nuestra realidad. Históricamente, las grandes conjunciones han estado rodeadas de superstición. En 1962, una alineación similar provocó pánico en algunas partes del mundo, con gente temiendo terremotos o el fin de los tiempos. En el año 2000, otra agrupación alimentó las teorías milenaristas.
Sin embargo, la ciencia nos ha enseñado que la gravedad combinada de todos los planetas alineados tiene un efecto absolutamente insignificante sobre la tectónica de placas de la Tierra. No habrá mareas gigantes ni cataclismos. Lo que habrá es una oportunidad educativa sin precedentes. Es un momento ideal para sacar esos viejos prismáticos del armario o, si tienes suerte, un telescopio pequeño. Observar a Neptuno, por ejemplo, es un reto mayúsculo; es el planeta más lejano (desde que Plutón fue reclasificado) y requiere cielos muy oscuros y saber exactamente dónde apuntar, generalmente cerca de la posición de Saturno en esta configuración.
Tal como explica ElTiempo.es, las condiciones atmosféricas jugarán un papel crucial. Febrero en el hemisferio norte puede ser traicionero con nubes y lluvias, mientras que en el hemisferio sur, el final del verano suele ofrecer noches más diáfanas. Pero incluso si vives en una ciudad iluminada, Venus y Júpiter serán tan brillantes que atravesarán la contaminación lumínica como faros en la niebla.

