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Sinners en los oscars 2026: la reinvención del terror gótico

Sinners de Ryan Coogler rompe récords con 16 nominaciones al Oscar 2026. Analizamos su impacto, el doble papel de Michael B. Jordan y su revolucionario acuerdo de derechos.

Si alguien nos hubiera dicho en 2013, cuando un joven Ryan Coogler estrenaba la desgarradora Fruitvale Station, que poco más de una década después estaría a las puertas de hacer historia en los Oscars con una película de vampiros ambientada en la era Jim Crow, pocos lo habrían creído. Pero aquí estamos, en febrero de 2026, y Sinners no es solo la película del momento; es el evento cinematográfico que ha sacudido los cimientos de la industria.

Con un récord absoluto de 16 nominaciones a los Premios de la Academia, superando las marcas históricas de Titanic, All About Eve y La La Land, la cinta de Coogler ha logrado lo imposible: que el terror, un género históricamente marginado por la Academia, se siente en la mesa de los grandes. Pero, ¿por qué esta historia de hermanos gemelos en el Mississippi de 1930 ha resonado tanto? La respuesta va más allá de los sustos; reside en una alquimia perfecta entre innovación técnica, reivindicación histórica y una jugada empresarial que cambiará Hollywood para siempre.

El pacto de sangre: Un modelo de negocio revolucionario

Para entender la magnitud de Sinners, primero debemos mirar detrás de las cámaras, hacia los despachos de Warner Bros. En una industria dominada por franquicias y propiedad intelectual corporativa, Coogler logró algo inaudito. Según reportes de la industria, el director negoció un acuerdo donde los derechos de la película revertirán a él después de 25 años. Es decir, en 2050, el copyright de Sinners volverá a sus creadores.

Este movimiento, más propio de la industria musical (recordemos la lucha de Prince) o del software de código abierto que del cine de estudios, es un hito. Como señaló Coogler en una entrevista para Revolt TV, la película trata sobre la “propiedad creativa” y la agencia negra, un tema que trasciende el guion para convertirse en la realidad de su producción. Warner Bros., buscando asegurar al talento tras el éxito de Black Panther, aceptó unas condiciones que han hecho temblar a otros estudios, temerosos de que este precedente se convierta en la norma para los autores de élite.

En el corazón de la narrativa visual de Sinners se encuentra un desafío técnico monumental: la presencia de Michael B. Jordan interpretando a los gemelos Smoke y Stack. A diferencia de las comedias de los 90 donde un actor interpretaba varios papeles con trucos de pantalla partida simples, Coogler y su directora de fotografía, Autumn Durald Arkapaw, utilizaron tecnología de control de movimiento de última generación y captura de actuación para permitir que Jordan interactuara consigo mismo de manera orgánica.

La crítica ha alabado no solo la tecnología, sino la diferenciación psicológica. Smoke es rígido, un hombre de negocios pragmático endurecido por el sistema; Stack es el artista, el romántico con sombrero de fieltro rojo. La magia del cine aquí no es solo ver a dos Jordans, sino olvidar que es el mismo actor. Según datos de taquilla de The Numbers, esta apuesta arriesgada pagó con creces, recaudando más de 369 millones de dólares a nivel mundial, una cifra asombrosa para una película de terror clasificación R.

Una metáfora con colmillos

La trama nos sitúa en 1932. Los gemelos regresan a su pueblo natal en el Delta del Mississippi para abrir un juke joint (un local de música y baile). Pero el verdadero terror no proviene solo de las leyes de segregación racial, sino de una amenaza ancestral que despierta. Los vampiros en Sinners no son los aristócratas europeos de Drácula; son una plaga parasitaria, liderada por el aterrador Remmick (interpretado magistralmente por Jack O’Connell), que se alimenta no solo de sangre, sino de la música y el alma de la comunidad.

Coogler utiliza el mito del vampiro para hablar de la extracción cultural. Los monstruos necesitan ser “invitados” a entrar, una referencia sutil a cómo las comunidades marginadas a menudo se ven obligadas a comprometerse con fuerzas predatorias para sobrevivir. Es terror gótico sureño en su máxima expresión, mezclando el folclore del vudú y el hoodoo con la violencia visceral del género.

Geografía del terror: El Juke Joint como último bastión de luz en el Delta del Mississippi.
Geografía del terror: El Juke Joint como último bastión de luz en el Delta del Mississippi.

La carrera al Oscar 2026: David contra Goliat

A pocos días de la ceremonia, la carrera por el Oscar a Mejor Película se ha convertido en un duelo fascinante. Por un lado, tenemos a Sinners, la fuerza popular y visceral. Por otro, la crítica especializada apunta a One Battle After Another de Paul Thomas Anderson como su principal rival. Según las predicciones de The Wrap, aunque la película de Anderson es la favorita teórica, el récord de nominaciones de Sinners sugiere un apoyo masivo y transversal dentro de la Academia.

Es raro que el terror gane. El último gran referente fue El Silencio de los Inocentes hace más de tres décadas. Sin embargo, Sinners tiene a su favor elementos que la Academia ama: un diseño de producción de época impecable, una banda sonora de Ludwig Göransson que integra el blues del Delta con atmósferas opresivas, y una narrativa socialmente relevante.

Ya sea que gane la estatuilla dorada o no, Sinners ya ha triunfado. Ha demostrado que el cine de género puede ser arte elevado, que los creadores pueden recuperar el control de su obra en la era de los conglomerados, y que la colaboración entre Coogler y Jordan sigue siendo, sin duda, la más potente de su generación.

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El autor

Edgar Medina es el fundador de Crónicatech. Ha escrito para medios reconocidos como El Tiempo, revista Donjuán, Portafolio, La República, revista Semana y Canal RCN. Actualmente trabaja como estratega de SEO técnico para marcas de Estados Unidos como Tesla, Jefferson University y Footlocker. También es asesor de marketing digital a través de su empresa Crónica Marketing.
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